5.24.2012

Libros que marcan: La presa

En la actualidad están muy de moda ciertos autores japoneses o de ascendencia japonesa como Haruki Murakami, Kazuo Ishiguro, Koushun Takami, Banana Yoshimoto o Takashi Matsuoka, pero yo quisiera hoy dar un paso atrás hasta 1957 con un relato corto excepcional e impactante.


  •  Título: La presa (Shiiku)
  • Autor: Kenzaburo Oe
  • Editorial: Anagrama
  • Colección: Quinteto Q
  • Año: 1958

Japón tradicionalmente siempre ha sido una isla, también en el sentido metafórico del término. Un aislamiento autoimpuesto durante siglos, que ni los mercaderes portugueses y holandeses, el comodoro Perry o el general McArthur apenas pudieron desenmarañar. La Segunda Guerra Mundial fue el último momento de extremo aislamiento del país, y es en ese periodo histórico en donde este relato está ambientado.


Kenzaburo Oe, su autor, nació en un pequeño pueblo de Shikoku, la menor de las grandes islas de Japón. Eso quiere decir una pequeña isla dentro de otra isla. Un pueblo semejante al que figura en el libro, un microcosmos en el que no se escuchan noticias del exterior y en un pueblo de montaña donde los niños viven ajenos al mundo de los adultos máxime porque recién terminada la temporada de lluvias los caminos y puentes que comunicaban con el pueblo quedaron cortados. Allá fuera hay una guerra, al menos eso es lo que se sabe por el sonido de los aviones que surcan el horizonte de vez en cuando. Las noticias llegan con cuentagotas mediante un emisario viejo, cojo y algo raro que viene de la ciudad más cercana a unos cuantos kilómetros. Ante la calma en ese pueblo, de pronto sucede un acontecimiento desconcertante que les trastocará para siempre: un avión estadounidense se estrella en los bosques cercanos a la aldea. Sus habitantes encuentran en el siniestro a un soldado atrapado en una trampa para cazadores... de raza negra.


Es un hombre grande, musculoso y que emana un olor fuerte. No habla ni se relaciona con su entorno, casi parece una bestia salvaje a los ojos de los aldeanos. ¿Qué deben hacer con él? Ahí fuera hay una guerra, y el verano parece no terminar nunca. Por primera vez los aldeanos se entrentan a lo extraño, a algo que les provoca terror pero que al mismo tiempo les fascina. Algo tan trivial como la comida, el aseo, la forma de moverse resulta distinto y casi mágico realizado por ese ser —nunca mejor dicho— caido del cielo. Uno de esos aldeanos es el niño protagonista de la historia, el narrador y los ojos mediante los cuales observamos la historia. En el pueblo acuerdan encerrar al negro en el granero de uno de los jefes de los cazadores, que es el padre del protagonista.


Los cálidos y húmedos días de verano se van sucediendo. Los juegos infantiles que los otros niños como el hermano pequeño del protagonista o el travieso Morro de liebre con sus ocurrencias tan brutas propone. Ese animal extraño con el que conviven, que cada vez se va haciendo más y más preocupantemente familiar, esa tensión en el aire estival y la visión que tiene el muchacho protagonista del desarraigo que siente hacia el resto de los niños, y sobre todo hacia los adultos.


Tampoco quiero contar mucho más, ya que se trata de un relato de 93 páginas excluyendo el prólogo. La narración mantiene al lector espectante mientras las descripciones son de una viveza e intensidad increíbles. El librillo está muy bien de precio y es una lectura muy reseñable y recomendable, aunque a veces de tanto realismo choca y desconcierta un poco, sobre todo cuando llega a la descripción del miembro viril del prisionero o de algunas escenas en concreto que pueden parecer al lector demasiado filogays. No obstante, el transcurso de la historia y sobre todo el desenlace es algo imprescindible.


Existen dos adaptaciones cinematográficas del relato (que me consten). La primera es de Nagisa Oshima (director de El imperio de los sentidos, Tabú, etc) de 1961, y la otra es una adaptación del relato pero la acción transcurre en la Camboya de los Jemeres Rojos. Las fotos pertenecen a ambas películas.

No comments:

Post a Comment