Vamos a adentrarnos con otra reseña de película ultra-recomendable que acabo de ver hace escasos minutos.
Título original: Mondo
Año: 1995
Nacionalidad: Francia
Director: Tony Gatlif
Actores: Ovidiu Balan, Pierrette Fesch, Jerry Smith, Maurice Maurin
Nadie sabe de dónde vino Mondo. Un buen día apareció en nuestra ciudad sin darnos cuenta en absoluto. No sabíamos nada de su familia o de su casa. Tal vez porque no tenía. ...
Lo que era seguro es que venía de un lugar lejano: del otro lado de las montañas o del otro lado del mar. Podíamos decir que no era de por aquí y que había visto muchos países.
Así nos presenta una voz en off femenina al protagonista. Mondo es un muchacho menudo de unos diez u once años, aunque ni él mismo lo sabe. No tiene familia ni va al colegio, simplemente un buen día apareció por una ciudad costera (Niza) y pese a no tener ni casa, ni papeles ni saber leer y escribir, tiene una sonrisa capaz de derretir el hielo más frío (al menos desde los ojos del espectador).
Se pasea por las calles, buscando contactar con los ojos de los ciudadanos, sonreirles desde el fondo del alma y preguntarles "¿Quiere usted adoptarme?". Seguimos a Mondo noche y día, vemos sus andanzas y sus siestas en jardines abandonados, en barcos atracados o en lo alto de los árboles. Sueña con partir rumbo a nuevos lugares, o cómo las estatuas, los animales y las plantas le hablan aunque él no pueda oirles.
Intenta acercarse a una familia con niños en un supermercado aunque se acaban distanciando. Pese a la seriedad y las prisas de la ciudad logra entablar amistad con un pescador, un acróbata y una cantante de Algeria de un espectáculo callejero, el cartero a quien siempre pregunta si tiene alguna carta para él, una joven que es la solista de su iglesia, un mendigo cuyos únicos compañeros son unas palomas que guarda en un maletín agujereado o una anciana solitaria pero entrañable que también proviene de lejos.
Sin embargo, la policía está tras su pista, la de un joven muchacho vagabundo de sudadera roja con capucha morada que ronda por las calles día y noche, además de las repetidas redadas de inmigración en las calles ¿Qué será del muchacho?
Es una película sencilla realizada en su mayor parte con actores no profesionales, y en la que sobresale el niño Ovidiu Balan como Mondo, pero que cuyas imágenes y el poetismo que desprenden algunos simbolismos o rincones de las calles de Niza son increíbles. Es una bonita mirada a la sociedad desde los ojos de este muchacho inocente de bella sonrisa que nos sigue transmitiendo sus sentimientos después de que los títulos de crédito hayan caído.
La película casi en su totalidad (falta el cuarto trozo por temas puntuales de nudismo) anda disponible en youtube. Son ocho partes que os invito a ver:
Bienvenidos una vez más a una nueva entrada. La televisión como recurso de entretenimiento barato y popular siempre ha buscado entretener al espectador, de unos medios más o menos aceptables. Una manera de entretenerle es ponerle a prueba, invitarle a que compita en televisión: los concursos. Cuando los concursos de preguntas para demostrar la sabiduría de los participantes parece haber llegado a un punto de reinventarse o morir, llegan los concursos que son "más grandes que la propia vida". Intentan abarcar más. Antes en los concursos clásicos sólo ves una escueta presentación de los concursantes con su nombre, edad y profesión, o a lo sumo lo que haría ese individuo con el dinero del premio, con los consecuentes tópicos de 'tapar agujeros', 'viajar por el mundo' o 'mandar al jefe a paseo'.
Ahora es bien distinto, interesa su vida, su historia, su transfondo. Se buscan personas atrevidas y que den juego, que den morbo o con los que el público se pueda sentir identificado como alguien afín o como alguien indeseable. Se trata de intentar reflejar la idea de vida que tiene una determinada productora, mostrando diversos concursantes de las más diversas personalidades. Se trata de SU idea de realidad y de ahí su nombre: reality shows. En una sociedad tan cotilla y sensacionalista como la británica, la italiana, la alemana o la española (cada una en diversa mesura) es normal que se reproduzcan estos fenómenos exportados desde los Estados Unidos.
Esta serie de programas no me entusiasman como programas de morbo o el observar la vida de un grupo de individuos como substituto a mi propia vida. Me desagradan programas como Gran Hermano, concebido como experimento sociológico pero que tras trece ediciones en España, no me queda muy claro lo que queda de 'experimento'. No me atrae ver a una banda de holgazanes estrafalarios con ninguna motivación en la vida que no vaya más allá de no dar palo al agua, aparecer en tal determinado programa y vivir de ello el resto de sus míseras vidas. Tampoco me gustan los programas adaptados y facilitados para las celebridades de medio pelo, hijos de X, ex novios de Y, o que otrora tuvieron sus efímeros momentos de fama y ver cómo se reducen y se humillan para poder gozar de minutos en pantalla.
¿Pues entonces de qué va esta entrada? A mi me gustan unos pocos programas que van más allá, que tienen más motivaciones, que sus participantes se ganan su presencia día a día, que transmiten una sensación de aventura, o que simplemente tienen un enfoque más gamberro y uno los puede ver de una manera más distendida y sin tomárselo mucho en serio.
Precisamente a ese último apartado pertenece el programa que nos ocupa hoy: Mad Mad House, emitido aquí en España hace unos años en 2004 por Calle13. Diez individuos cuales diez negritos de la novela de Agatha Christie deberán convivir en una mansión muy estrafalaria, cuyos anfitriones son más estrafalarios si cabe, ya que tenemos a un primitivo moderno, un naturista, una bruja, una sacerdotisa vudú y un vampiro. Se busca en teoría un desarrollo espiritual, aunque para ello se tenga que p*tear a los concursantes de mil maneras distintas. Los anfitriones van proponiendo diversas pruebas cada día, y algunas de ellas garantizan la inmunidad en las votaciones que llevan a cabo el quinteto de anfitriones. Vamos a repasar quién es cada uno de los cinco:
Avocado (Aguacate en español) es el naturista. Sus pintas de perroflauta le delatan. Promulga el yoga y el nudismo entre otras cosas. Mezcla el café con hierbas sospechosas en el desayuno y lleva a los concursantes en paseos campestres a comer hierbas y frutos por el campo, o a pasearse desnudos de buena mañana. Con esto último les pilló la policía y por poco se monta una buena xD.
Fiona, pese a tener nombre de ogresa es la bruja. No adora a Satán, sino a la diosa y no se qué historias. Es como la cabecilla de los anfitriones. Está constantemente echando cartas, conjuros y cualquier suceso que aparece en el exterior ya sea un arcoiris o una ráfaga de viento lo toma con un determinado significado.
Art es el primitivo moderno. Con grandes tatuajes por todo el cuerpo, le gusta vivir en contacto con la naturaleza y con sus ancestros. También es capaz de concentrarse y separar cuerpo y mente en ejercicios de fakir muy gores como colgarse de ganchos con el peso añadido de una persona. Nunca levanta la voz y también le mola el nudismo.
Ta'shia es la sacerdotisa vudú. Echa las conchas, habla con sus antepasados, y organiza rituales en trance y demás.
Don es el vampiro y obviamente el que más ac*jona. Se le ha visto también en un par de documentales. Pálido como la tiza, se nutre de sangre humana y de la energía de las personas, e incluso hace demostraciones de ello. Les enseña a combinar el cosmos con la energía oscura. No le gusta mucho el ruido y le revienta que le despierten por la mañana, cuando él recién se ha ido a dormir. No obstante, le vemos también por el día, aunque a veces salga con parasoles totalmente opacos para darle sombra.
Las pruebas y rituales son muy cachondos, e incluyen meterse en un agujero relleno de tierra, miel, sangre, pescado y vísceras de animales y buscar unos objetos, beber sangre, permanecer horas estrujados en diversas cabinas, permanecer colgados en un gancho como jamones, buscar plantas medicinales en pelota picada, y otras muchas más o menos heavys.
Mola por lo excéntrico que es y lo friki que resulta a los ojos del espectador. Además, va al grano y está montado sin cámaras filmando a gente holgazaneando o sin hacer nada. Son tan sólo 10 episodios y la sensación final puede ser un poco decepcionante, ya que hubiese estado bien meterles más elementos esotéricos y "p*tearles más". Como propuesta friki retorcida resulta atractiva, y además por no andarse por las ramas con televotos amañados, tertulias y demás, aunque las deliberaciones de los huéspedes así como sus votaciones se pueden hacer algo largas, merece echarle un vistazo.