10.21.2011

Contenedores I: Primeros pasos y diversificaciones

En la era ecológica del desarrollo sostenible y el buen rollo, disponemos de una gran variedad de contenedores para echar nuestros desperdicios. En la tele, antes se colocaba a los programas infantiles con mucho mimo y mucho cuidado en unos maravillosos compartimentos que se fueron deteriorando con los años hasta llegar a la nada de hoy en día, o una fosa común en donde se vierte de todo sin reparar en el espectador o en cómo quede.


Tomamos la máquina del tiempo de Doraemon para retroceder veinte años y vamos a ir contemplando nuestras infancias, en las que no existía una estupidez como un horario especial protegido con propósitos de lo más pretenciosos, sino que el buen juicio del personal permitía ofrecer a los más jóvenes unos momentos sencillos y amenos de diversión cuando acabasen sus deberes junto con la merienda.



LA BOLA DE CRISTAL 1984-1988:
Muchos de los veteranos les sonará este espacio y se sabrán la canción del programa al dedillo... pero a mi, personalmente me daba muchísimo asco. Lo recuerdo muy muy vagamente, sobre todo a Alaska con su cara de funeral jotica como presentadora. ¿A qué lumbrera se le ocurrió? El programa estaba dividido en cuatro partes, cada uno para un público distinto. Como en muchos otros contenedores, los pequeños tenían que madrugar. Comenzaban los Electroduendes bastante horteras ellos que popularizaron el término "meapilas" (y es que en los ochenta, lo eléctrico y electrónico era lo más), para preparar el terreno a Alaska, que comenzaba a divagar como una vieja chocha haciendo de adivina con la bola que daba nombre al programa junto con Pedro Reyes y Pablo Carbonell antes de que fuesen famosos.



Para los más mayores, el director era... Javier Gurruchaga, justo antes de realizar sus shows erótico-festivos como El huevo de Colón u otras truculencias en la vida real. Todo destinado para que los niños viesen lo guay que era la movida madrileña y que las sustancias psicotrópicas molaban. Lo más reseñable eran Los Aurones, más conocido por su personaje más carismático: Poti Poti. En él, un chico llamado Gallofa lanzaba rayos que transformaba a los villanos... en verduras y frutas.



CAJÓN DESASTRE 1988-1991:
Dejando de lado el Barrio Sésamo, Cajón desastre es el otro gran contenedor de nuestra remota infancia. Su contenido se dividía en tres partes dependiendo de las edades de los niños, y nuevamente los más peques tenían que madrugar, mientras que hasta los catorce años y después hasta los diecisiete cerraban la mañana. Sin embargo, yo recuerdo pillarla hacia la mitad y seguir adelante. Los contenidos eran de una calidad considerable, y se agradecía mucho que no tratasen a los niños como tarados o retrasados mentales, que fue lo que sucedió años más tarde.



Mezclaba concursos, espacios culturales y series de animación o de imagen real, lo que lo hacía bastante completo. Sobre todo me acuerdo de ese estadio romano sobre el que los niños competían por equipos en varias pruebas, y por el verano hacían lo mismo pero en una piscina, en lo que llamaban "Al agua, patos". En lugar de una rancia apática y joticosa, lo presentaba una chica muy simpática que caía bien tanto a niños como a mayores (y que además era paisana) como Miriam Sánchez Aroca.



Las series estaban muy bien, como por ejemplo me acuerdo de Teen Wolf (la versión en dibujos de la película de Michael J. Fox). Los Trotamúsicos también eran de lo más conocido del espacio. Duckula era una versión de Drácula protagonizada por un pato negro, pero que yo me partía la caja con la sirvienta, que le tenía un cariño especial, ya que siempre estaba tirándole los tejos con un "¡Ven p'acá, patito mío!". Incluso la gloriosa Alf se estrenó en este espacio, aunque luego la movieron a una franja de más audiencia.



Me acuerdo de las cortinillas y sobre todo de Barbara-Ann, la mítica canción de los Beach Boys que era la encargada de despedir el programa.


 
¡NO TE LO PIERDAS! 1990-1991:
Sábados por la mañana, ir al patio del colegio a jugar con una pelota de goma con mi padre, y luego cuando arrivo a casa... este programa en la tele. Imágenes aereas sobrevolando un anfiteatro romano y el rótulo del programa. Lo presentaban un tipo muy frenético llamado Enrique Simón que era calcado a Lionel Ritchie. A su lado estaba una jovencísima y por aquel entonces tímida... ¡Leticia Sabater!

Esto me acuerdo de haberlo visto en directo. Qué repelús que me daba y me sigue dando esa sonrisa forzada. Acordaos del chaval de camisa azul, que puede que os suene, le veremos en la próxima entrega.

Pero la gran razón por la que nos gustaba el programa eran dos palabras: Jonny Quest. Ahora mismo, haciendo investigación me estoy quedando helado y sorprendido al ver que la serie data de 1964-1965. ¡Diox mío, vaya calidad para la época! Era un producto de Hanna Barbera y en cada capítulo, Jonny iba con su padre el doctor Quest, un piloto canoso y con pintas de tipo duro, su chucho apestoso que era la nota cómica, y un muchacho hindú con turbante (¡vivan los estereotipos!) llamado Hadji. Si Scooby Doo era una serie de misterio para explicar a los niños eso de "los monstruos/fantasmas no existen", Jonny Quest (o Queso, como mi hermano y yo la llamábamos) tenía mucha más mala baba y muchas veces dejaba esa incógnita o esos finales tan inquietantes. Los argumentos eran mucho más adultos y violentos de lo que uno pudiera imaginar. A continuación echaban otra serie de tres superhéroes de armaduras, uno que controlaba el aire, otro el agua, y otro la tierra. No recuerdo el nombre, y no molaba tanto como JQ.



No obstante, el momento más friki del programa era cuando el fantasmita que tenían de mascota se ponía a repartir bocatas entre los niños del público a ritmo de una canción entrañable: "Tomaa, tomaa, toma tu bocata...". Llevaban invitados y metían actuaciones musicales de lo más variadas, como esta en la que al tipo le han echado drojas en el colacau.

Pedazo de pedal que llevaba el hombre encima.

 
 
LA GUARDERÍA 1990-1993 / LA MERIENDA 1990-1994:
A finales de los ochenta se aprueba la ley de las televisiones públicas y es en 1990 cuando comienzan a emitir Antena3 y Telecinco. En esos primeros pasos, encargan estos contenedores a un par de rostros conocidos: Miliki y Rita Irasema. Por la mañana, Rita y su hijo Manuel Feijoo Aragón, el mago chungo de Compañeros. Por la tarde, eran Rita y Miliki los que se encargaban de animar el cotarro. A veces el programa se convertía en un musical de lo más cursi, y lo peor de todo es que me sigo acordando de alguna letra. Lo más reseñable por las mañanas era He-Man y Transformers, y por las tardes esa serie de dibujos tan revolucionaria en su sentido del humor, su verdulería, sus formas exageradas y sobre todo su protagonista tan peculiar como era Chicho Terremoto. Gatchaman (Gatchman), o Ashita no Joe (El Campeón) eran otras de las series que ponían, pero las quitaron pronto por violenta *buuuuuu* (abucheos).


Los payasos de la familia Aragón (que conste que no lo digo en tono peyorativo) ficharon por Telecinco para hacer Superguay en el 91, por lo que el programa lo pasó a presentar una chica misteriosa con el sobrenombre de Evita Dinamita. Lo que más recuerdo de esa etapa era el concurso de los dinosaurios, que eran los juguetes de una serie de animación (antes de Jurassic Park ya había series del tema). Pero sobre todo, lo más memorable era el concurso de Micromachines. ¿En qué consistía? Pues cada día llamaban a un niño y este tenía que decir la frase "Si no son Micromachines, no son los auténticos" a todo correr y el mayor número de veces posible, ya que ganabas un Micromachine por cada frase. A los que no sepan lo que son los Micromachines, decirles que eran coches bien chulos en miniatura. Iba a decir eso de que no han tenido infancia, pero es comprensible. Me acuerdo que entre amigos practicábamos con el concurso entre nosotros. Allí emitían Super Mario Bros., Thundercats, Cazafantasmas (la del gorila) y COPS, una serie policial bastante turbia para la época pero muy memorable.


A continuación, el programa lo presentaron un par de niñas un poco repelentes con un perro, acompañadas del profesor Lupilla, que sustituyó a una de las niñas. La chica que se quedó, Ana Chávarri, estuvo hasta en la sopa, ya que luego presentaría el Club Megatrix... pero eso corresponderá a nuestra próxima entrega. Una cosa que si que tengo que reseñar era el epiquísimo concurso que era la columna vertebral de La merienda de las aventuras. Durante una temporada el concurso se llamó así, y competían seis niños en dos equipos: rojo y azul. En cada prueba conseguían segundos, muy importantes para la prueba final, que era una gymkana gigantesca con muchas estancias en donde estaban escondidas muchas llaves, y tenían que recoger el mayor número de ellas... pero sobre todo la única y suprema indillave, que era la que abría el premio gordo y era la que estaba mejor escondida. Resultaba emocionante las poquísimas veces que lograban dar con la susodicha llave. Posteriormente tuvo el Megatrix un concurso muy parecido, pero como ya os comenté, tendrá que esperar. Por su parte, La guardería lo pasó a presentar la infumable Teresa Rabal justo antes de que presentase esos concursos de talentos a nivel europeo pero organizados por España en los que siempre ganaban pianistas rusos con gimnastas chinos como finalistas. Veo Veo y Bravo Bravissimo creo que se llamaban.



SUPERGUAY 1991-1993:
Miliki y Rita se fueron a Telecinco cuando ésta todavía era decente... bueno, vale, metían mucho picante, tetas y variedades, pero respetaban y se acordaban de los niños en sus programaciones. A veces les acompañaban Rody y Fofito, otro dúo descendientes de los Payasos de TVE que tendrían su breve y efímero momento de gloria a mediados de los 90. Miliki llamaba a los niños ciruelos y ciruelas, detalle que recuerdo bien, y seguían con canciones, concursos y demás juegos para amenizar el rato.


Hola eres tú... ¿Qué hay? (o qué gay, como decíamos a veces) Intentamos empezar el día en el Superguay. Así comenzaba su versión de fin de semana. Lo bueno que tenía Telecinco en aquel entonces eran sus lazos diplomáticos, sobre todo con Italia, gracias a los cuales nos fueron llegando más anime como Bésame Licia, Eriko, Harlock (Los exploradores del espacio) o Chopy y la princesa. Muchos años antes habían desembarcado Comando G, Mazinger Z, Ulises 31, Heidi o Marco, pero era a principios de los noventa cuando empezaban a emitir anime a raudales. Incluso muchas mañanas de fin de semana se desmelenaban y emitían OVAs o maratones de una determinada serie.

Video para contextualizar ;)

Volviendo a Superguay, emitían la mencionada Bésame Licia, Bateadores (Alegre juventud) y Webster, las aventuras de un niño negro adoptado por una familia blanca. Creo que también llegaron a integrar a Lupin III en este espacio, aunque no estoy tan seguro. Tengo buena memoria, pero al tratarse de tantas series a la vez, pues no me acuerdo si una serie iba a una determinada hora o en esta o aquella cadena, por lo que si me he equivocado en algo, o si me he olvidado introducir alguna cosa, hacédmelo saber si podéis.



PINNIC 1992-1995:
¿Qué es lo que veían los gafapastas de hoy en día en su tierna infancia? La respuesta bien clara es Pinnic. Un programa con contenidos muy originales... tal vez demasiado. Cortinillas de lo más conceptuales y un diseño enfocado para no menospreciar ni burlarse del menor. Tirant es un muchacho que anda algo loco. Tanto que se le aparecen las diminutas Bumbum y Fanzina. Bumbum es el gafapastismo antimorbo femenino personificado, labios siempre oscuros, pelo corto y cortado con regla y cartabón. Me acuerdo cuando invitaron a la actriz al programa de Raffaella Carrà... y era exactamente igual. Por otro lado, Fanzina es más perroflauta, hippiosa y porrera (por lo contentilla que anda siempre). Pero queda un tercer ser diminuto, y ese es el malvado Cualquiercosa. No, no tiene poderes mágicos de transformación ni nada por el estilo. Era un elemento de pelo largo y cara excéntrica que hablaba a gritos y siempre le tocaba el papel de malo, mayormente para ir como un pervertido detrás de las dos chicas, por lo que siempre Tirant tenía que intermediar.


Tenían su propio club del que podías hacerte socio, y te regalaban pins, chapas y demás artilugios con diseños muy conceptual-intelectualoide. Era tremendamente raro y se notaba que se emitía en la2. ¿Qué cosas emitían? Pues además de cortinillas fruto de esnifar etanol, emitía unas pocas series, entre ellas Daniel el travieso, o esa curiosísima Alfred J. Kwak, una serie larguísima y muy entretenida, en la que el protagonista, un pato que sale del huevo con bufanda puesta lo adopta un topo que vive en una bota. Muestra al principio sus momentos de niñez y aventuras en el cole, hasta que luego decide recorrer mundo, y un compañero suyo de clase decide armar un ejército nazi. Su novia se llama Whitney y es negra... aunque no sabe cantar. Era una serie muy completa de aventuras, pero con un final de traca. Aaah, y por las tardes al principio emitían Los Simpsons... sí así es. Al principio Los Simpsons lo emitían en la2 en horario de tarde-noche ya que los consideraban dibujos para adultos o para educar a los padres, y si uno se fija en la primera temporada verá que ese era el cometido inicial.



Pero guardo lo mejor para el final:
Un remix de los contenedores y sus espacios de principios de los noventa.

PD: Al personaje omnipresente e hiperactiva de Telecinco la daremos cancha en el siguiente episodio.

En el próximo capítulo de contenedores, Programas de juegos, personajes frikis y sagas pervertidas por los años.


10.18.2011

En la onda de las series

Me encanta que los planes salgan bien.
Socio.
No te fallaré.
Miraaaaa... Chechu.
Salva a la animadora, salva al mundo.
Nos vemos en otra vida, hermano.
Suit up!
¡Bazinga!
Se acerca el invierno.
Smelly Cat, Smelly Cat.
¿He sido yo?
¡Para adentro, Romerales!
¡Oye Willy, no hay problema!

···

Es un buen ejercicio para resolver. A algunos de los presentes les sonará alguna de las frases, y a los que no se quedarán incrédulos con cara de poker. Si te suenan, compartirás las experiencias vividas con ese grupo de personas, entrarás dentro de ese club "y lo que es más, serás un hombre, hijo mío", como dice el poema de Rudyard Kipling. Si por una casualidad fortuita, plausible y probable no la has visto, la cosa se puede resumir en un "te j*des".

La televisión es un entretenimiento bien sencillo en nuestras vidas, y puede que el género al que más lo asociemos sea el de las series. En los últimos años, con la diversidad de contenidos y una crisis en el mundo de 'la gran pantalla', la televisión ha resultado ser la gran vencedora, y con la presencia de internet, por una parte ya no hace falta esperar a que dicha serie sea distribuida en muestro país, y por otro, con la salida a los circuitos comerciales, favorece que la gente la 'cuelgue' de internet y la pueda ver a su libre antojo al tiempo que le de la gana, sin mantenerse pegado al televisor a una hora determinada. De igual manera, uno puede pegarse un atracón de episodios con mayor facilidad.


Lo más curioso a este respecto es el gran poder viral que poseen. Cada serie sobre todo en la actualidad supone un fenómeno de masas a distintas escalas, e incluso en las descripciones personales de los perfiles de las redes sociales, las series están sustituyendo a los libros como características de la personalidad de cada uno.


En este aspecto podemos distinguir a varios tipos de seguidores, ya que están aquellos que la siguen desde los albores de los tiempos, o lo que es lo mismo, desde que oyeron rumores acerca del avance del tráiler del episodio piloto de la serie. A esta minoría les siguen los que la conocieron con el primer episodio o incluso con la serie más avanzada, y después nos encontramos con los que se engancharon en temporadas sucesivas e hicieron el esfuerzo de verlo todo desde el principio, o aquellos que la descubren en sucesivas reposiciones. Los primigenios por supuesto se consideran por encima del escalafón que los neófitos, cuando en definitiva todos disfrutan de ella. Probablemente suceda que cuanto menos conocida y personal sea una serie, pueda resultar mejor valorada que en el momento en que eclosione como fenómeno de masas.


En lo personal recuerdo como de muy retaco decía que me gustaba Corrupción en Miami... una trola como un templo, ya que lo único que me gustaba era el nombre y las escenas acuáticas. Entonces ahora me echo a pensar, y creo que (infantiles o de animación aparte) la primera serie a la que seguí era Farmacia de guardia, y creo que muchos de los de mi generación coincidirán conmigo en que dejó huella, aunque ahora cuando uno la vea (como muchas otras) se de cuenta de que ha envejecido muy mal y que da bastante grimilla. Se trataba de una comedia para todos los públicos y que reunía a personajes entrañables y mostraba la relación de las farmacéuticas con los niños tan traviesos, las señoras "clientes habituales", los policias que patrullan el barrio, el camarero del bar de enfrente... en un escenario tan corriente como en la farmacia del barrio.

Las cosas tan extrañas que podían suceder en la botica. Una cosa que le añade más valor en comparación con las series actuales es que se trataba de una serie apolítica, y es que ya apesta cuando en la actualidad intentan meter el tufo, el personajillo de tal ideología o enfocar la serie desde una lente con un determinado color político. Nos acordamos de su sintonía y de lo que nos transmitían muchos de sus episodios ya que no sólo era una comedia. Resultó memorable en los de mi generación aquella vez que lloramos después de ver el inolvidable capítulo de los inmigrantes.


Crecí entre series de los ochenta, y una característica muy recurrente es la monotonía y repetición de la estructura de la serie, este aspecto es perfectamente palpable en El coche fantástico. Una organización contra el crimen que consiste en un camión, un abuelete, una tía jamona, un macarra encefalograma plano y un coche deportivo que es más inteligente que todos ellos juntos. En todos los episodios
-Michael, no vayas gilip*llas, detecto que es una trampa.
-Tranquilo socio.
... y le pillaban y una vez más el coche tenía que sacarle las castañas del fuego. Todos los episodios contaban con su momento transformer para correr más, el botón de Turbo Boost para saltar, el misterioso hecho (todavía no sé cómo carallo lo hacía) de bloquear los frenos al coche de enfrente y su coña final mientras se solapaba las imágenes del coche a toda velocidad en el atardecer con la sintonía de fondo.


Este ejemplo se puede aplicar a El equipo A, ya que todos sabíamos que drogarían a M.A., Fenix metería bonus a una tía, habría bronca entre Murdock y M.A. y se quedarían parapetados en un sitio para hacer frente a los malos, prepararían cachivaches para derrotarles, no moriría nadie y unos cuantos coches darían vueltas de campana. En Los vigilantes de la playa sabíamos que podían concurrir dos líneas argumentales pero que nos encontraríamos con shoshos trotando a cámara lenta por la arena, que las playas estaban más vigiladas que la reserva federal y que en cuanto se sumergían en el agua, uno podía ver que siempre rodaban en la misma condenada piscina. MacGyver era un poco más irregular, ya que alternaba momentos muy peñazos con sus soluciones milagrosas.


Esta monotonía puede que se deba a series que no guardan un estrecho hilo argumental entre sus episodios, sino que pueden tratarse como aventuras sueltas. En los 90 podemos encontrarnos una gran multitud de comedias norteamericanas protagonizadas por un cómico generalmente negro (o afroamericano para los puristas) que se convierte en el sello y emblema de la serie, y así tenemos a Will Smith, Steve Urkel, Mark Cooper y muchos más... pero siguen siendo episodios "sueltos". No obstante, cabe recalcar lo racistas que resultan tras un estudio actual, ya que uno puede observar lo "guays" que son los negros y cómo todos los blancos que aparecen en la serie parecen estúpidos que intentan imitarles. Datos curiosos que se nos escapan a nuestras mentes juveniles cuando lo visionábamos por primera vez y nos saludábamos con nuestros amigos chocando esas cinco como Will.


Entre tantas series estudiantiles o con protagonistas en edad de ir al instituto (aunque los actores tengan casi 30 años), las cadenas españolas decidieron hacer un copia y pega, y "adaptar" las tramas a un supuesto contexto español. De pronto emergirían Al salir de clase, Querido maestro, Nada es para siempre o las más recientes Rebelde Way, Rebelde, SMS o Física y Química. Sin embargo, la serie que pegó con más fuerza al menos en mi colegio fue Compañeros. Estas series tienen en común el que en cada episodio confluyen dos o tres líneas argumentales, y en Compañeros se podía apreciar muy bien. Por un lado estaba el curso de los pequeñajos, que podía tener un argumento, normalmente inocentón, y que la mayoría de ellos giraban en torno al hijo del bedél, papel que fue cambiando de actor como cosa mala. Este niño era humilde y "probe" de solemnidad. Algunos de estos renacuajos tenían hermanos mayores en la clase de los mayores (obviamente, dónde si no).



Este grupo lo forman un puñado de treintañeros que, como en las producciones estadounidenses, nos hacen creer que van al insti. Mayormente son rebeldes y macarras, pero nos encontramos todos los estereotipos habidos y por haber. Como diría César Millán, tenemos al líder de la manada, su prole, junto con un pequeño harén en donde mojar el churro de cuando en cuando, ya que los cuernos, las rupturas y reconciliaciones era una constante a lo largo de la serie. Está el par de graciosillos, los pringaos, la zorra, la mojigata, la pija, el mariquita, el bocazas, el/la inmigrante y el tipo duro, rival del líder. Toda esa amalgama tiene roces por cualquier estupidez, y es la línea que más interesa a los espectadores guays.

Por último, por si los padres asomaban la cabeza por el salón, estaba la línea de los padres, algunos de ellos profesores en el instituto, que mostraban lo duro que es las relaciones paterno-filiales con treintañeros que simulan estar en la edad del pavo. Así se podían sentir más tranquilos con las cosas que hacen sus propios hijos... siempre y cuando no les diese por imitarles.

La serie se convirtió en algo parecido a un indicador de estatus social. Al día siguiente de que lo emitiesen, en el colegio no se hablaba de otra cosa, y si no habías visto el episodio estabas fuera de la onda. Uno no tenía más remedio que echarle un vistazo para más o menos enterarse de la trama. Puede ser algo impactante, pero en mi colegio también existió semejante presión social con la película... ¡Viven! Así es, si la habías visto uno entraba en el club de lo guay y podría comentar en el recreo las truculencias de la cinta.


Antes de eso, Médico de familia era la que partía la pana. Un padre viudo con tres hijos a saber; un macarrila pringao, un pendón y una mocosa que no hace más que hablar a gritos; su padre chocho perdío a cuestas, la chacha castiza, el vecino gorrón y un par de chicas que se cruzan en su vida. A eso hay que sumarle su trabajo estresante en el hospital y tendremos un batiburrillo muy español. Lo más surrealista eran las escenas en el comedor, ya que todos hablaban a la vez y a gritos, y todas las marcas estaban tapadas con pegatinas que cantaba muchísimo. A día de hoy no me explico cómo ese engendro podía verlo tanta gente.

Friends Opening

Otra presión social sucedió ya en la ESO a la hora de comer con Friends en Canal+. Nos dejábamos arrastrar por las historias de estos tres chicos y tres chicas en la treintena que se reunían en un bar con sofás para charlar e intercambiar opiniones de sus vidas. El humor era bastante facilón y zafio, algunos personajes no tenían gracia alguna (Monica y Ross, aunque en la versión original, Ross es el gracioso). Otros acaparaban todos los momentazos (Joey y Chaedler cuando estaba acompañado por Joey, ya que por solitario era un sosáinas). Luego estaba Phoebe, que aparecía de vez en cuando a soltar el comentario-puñalada sin venir a cuento en el momento preciso, y por último Rachel, que tenía sus puntillos muy de cuando en cuando, pero como decían que estaba buena, pues era intocable. Curiosamente, es otra de las series que con el paso de los años (en mi opinión), ha envejecido muy malamente, y las bromas y los golpes de humor no funcionan tan bien como entonces.


En los últimos años, las historias se vuelven más sofisticadas y entretenidas ante un cine en horas bajas falto de inspiración y movido por realizar productos cortados por el mismo patrón, o adaptar constantemente historias provenientes de los videojuegos, los cómics u otras películas de otras filmografías. Además de las historias, los protagonistas son a menudo anti-héroes. Nos podemos encontrar con médicos que están más pendientes de "jugar a médicos" que en ser médicos como Anatomía de Grey, doctores con un comportamiento antisocial y una práxis dudosa como House, historias que giran en torno a familias de mafiosos como Los Soprano, abogados defensores o dispuestos a cualquier cosa para salirse con la suya como en Shark o Damages o un perdedor de la vida con su sórdido entorno en el sur profundo de los Estados Unidos como en Me llamo Earl.


Internet y el boca-a-boca se han convertido en las herramientas para un nuevo auge de las series. Uno puede seguir una serie casi al mismo ritmo que la emisión en su país de origen. Proliferan los voluntarios que subtitulan las series, si bien sea dicho, con calidades y afanes de protagonismo de lo más diverso. Las productoras no son ajenas a este fenómeno, ya que son conscientes de que alguna de sus series con resultados de audiencia mediocres, resultan ser líderes de descargas, por lo que comienzan a "emitir" online.


Pueden darse nuevos enfoques a un determinado género, como por ejemplo la ciencia ficción. Se pueden revisitar sagas del pasado y adaptarlas a los nuevos tiempos con lo último de los efectos especiales y presupuestos mucho más amplios. Battlestar Galactica, Babylon5, V... o puedes recurrir a una película de serie B para crear una saga extensa con numerosas secuelas como Stargate. Al igual que la ciencia ficción, muchos otros géneros son la columna vertebral de cadenas de televisión temáticas enteras en donde la base de la programación son series de ese determinado tipo.

Pues me quedo con el de la derecha.

Volvamos un segundo a la presión social que involucra. Cuando las redes sociales, los foros, los círculos de amigos y muchas conversaciones cotidianas giran en torno a "la serie del momento", si uno no ha oido hablar de ella o no está interesado, puede resultar lógico que se siente desplazado. Personalmente me ha sucedido en estos últimos años con 24, Héroes, Prison Break, Cómo conocí a vuestra madre, Roma, Chuck, Doctor Who, Modern Family, True Blood, Dexter, Breaking Bad o The Walking Dead entre otras tantas. Debo dejar bien claro que algunas de estas no me atraen lo más mínimo. He dejado de lado las grimosas producciones españolas que son en su mayoría comedias sin gracia o plagios descarados y de un valor mucho menor que el original o producciones absurdas, artificiosas y con una actuación nefasta.


Personalmente, a estas personas adictas a las series... no sé de dónde sacan el tiempo. Al igual que los que han jugado a una cantidad significativa de juegos, no sé donde se concentran tantas horas, ya que un día de los míos tiene tan sólo 24. Luego tengo muchas series a las que me desenganché por la publicidad. Una cadena local de cuando era pequeño anunciando las películas sin cortes sólo decía una frase al final, pero era demoledora: "Interrumpir una emoción es destruirla". Algo así llevado al extremo me sucedió con Cuatro y House. El hecho de relegar a muchas series a horarios intempestivos para poder encasquetar espacios de crónica social también es otra de las razones por las que no hay manera de ver la televisión en estos días.


Una serie que vi de cabo a rabo (salvo tres episodios sueltos de la primera temporada) fue Perdidos (Lost), que llevó a cabo una revolución en lo social de la serie. En una de mis entradas anteriores os he hablado de un título muy similar: Perdidos en el Amazonas (Peter Benchley's Amazon), pero esta iba más allá. La serie irrumpe en medio de un siniestro: un avión se ha estrellado en una isla del Pacífico sur. Cada episodio está visto desde la óptica de uno de sus personajes, de los que vamos conociendo retazos de sus vidas antes del accidente, o sus motivos que les llevaron a tomar el avión. Comprobamos que la isla ha pasado por varias etapas, restos de civilizaciones antiguas, corporaciones científicas destinadas a investigar sus propiedades, grupos de "salvajes" o gente que a lo largo de esos años ha puesto pie en esa isla misteriosa donde se escuchan ecos de voces pasadas o se presenta una bestia formada por humo negro. Cada episodio sirve para proporcionar más incógnitas y de vez en cuando resolver alguna. Logra mantener un argumento que mantiene enganchado al espectador, y hace que este se cuestione cosas o que elabore sus propias teorías. No es una serie al uso en donde el espectador suele ir de la manita para cruzar por el paso de peatones, lo cual la hace más interesante.


En su momento me bajaba rigurosamente los capítulos que iban saliendo de Perdidos, ahora de Big Bang Theory, y lo último ha sido ceder al "chantaje popular". Tras las constantes amenazas con que llegaba el invierno, me he descargado los diez episodios de Juego de tronos a pesar de que ya se han encargado de reventarme la serie por los cuatro costados, o "espoilear" como se dice ahora.

La próxima entrada será más amena, divertida y nostálgica, en el próximo episodio... contenedores infantiles / juveniles.

10.02.2011

Los 10 juegos más dificilmente infernales a los que he jugado / Segunda Parte

Aquí estamos de nuevo, dispuestos a revelar otros cinco juegos que son como curar una herida con spray de pimienta debido a su chunguísima dificultad. Prepárense que vamos.

Sam & Max Hit the Road / PC / 1993

Las aventuras gráficas tuvieron gran auge en los noventa, y los reyes del negocio eran Lucasarts. Inventaron el motor SCUMM y el jugador debía interactuar con el entorno mediante una serie de instrucciones que se reflejaban en una tabla de verbos en la esquina inferior izquierda. Indiana Jones, Maniac Mansion, Monkey Island... todo iba estupendamente. Fue entonces cuando decidieron transladar los comics de una pareja de detectives muy particular: un perro muy sosegado con sombrero y traje, y un conejo psicópata que parecía el hijo de aquel lindo conejito de Los caballeros de la Mesa Cuadrada.

El resultado fue muy atractivo y divertido... pero su jugabilidad era horrenda. ¿Por qué? En las aventuras gráficas tienes sucesivos puzzles, enigmas, situaciones que hacer frente interactuando con los personajes, las acciones y el inventario de objetos que uno se va encontrando. No es hacer la 'o' con un canuto, pero requieren imaginación, astucia y algo de sentido común. En este juego no sucedía esto, más bien todo lo contrario: "Piensa en la situación más estúpida, absurda y sin sentido que se te ocurra, que habrás dado en el clavo".

Así era el juego, y como escaseaban las guías, si tenías un problema era un completo quebradero de cabeza, ya que todos tus amigos estaban como tu. ¿Solución? Jugar a los minijuegos que tenías como hacer surf sobre el capó de un coche mientras te daba pena que un juego tan divertido perdiese la gracia por ser tan absurdamente dificil.


Megaman (Rockman) / NES / 1987

Entramos en una franquicia bien conocida como es Megaman. Hasta ese momento, la compañía japonesa Capcom se había especializado en juegos para recreativas o arcades (como prefieran ustedes llamarlas). Megaman fue diseñado especialmente para el mercado de las consolas. Un juego de acción y plataformas basado en el célebre juego del "janken"... también llamado piedra, papel o tijera por estos lares.

El juego no sigue una secuencia de mundos o niveles, sino que desde un principio se le ofrecen seis mundos custodiados por un jefe final. Una vez que el jefe sea derrotado, Megaman obtendrá el poder de ataque del jefe en cuestión. Para complicar un poco más el asunto, cabe decir que cada uno de los jefes es especialmente vulnerable al arma de otro de ellos, por lo que el jugador (si quiere obtener una supuesta "ventaja") deberá saber la secuencia en la que se los tiene que pasar para poder continuar con el juego e irse a derrotar al malo.
Esa es la teoría que funcionaría en un mundo feliz donde todo es mágico y si viviesemos en la calle de la piruleta... pero desgraciadamente NO era así, ya que avanzar por uno de los mundos normales, corrientes y molientes era un absoluto infierno. Podías pasar un nivel tras haber derramado litros de lágrimas y haber gastado todas tus vidas. Al siguiente mundo ya te iban a dar matarile así, para empezar.
El juego trataba sobre la confrontación de dos científicos: uno buenrollero que ama la paz, los niños, las ballenas jorobadas, que hace donativos a mansalva y rellena la casilla de bienes sociales en su declaración de la renta... y otro mezquino, antisocial, sociópata, loco, que quiere destruir el mundo, o al menos convertirlo en un amasijo robótico y sembrar el terror... porque sí. El primero se llama Dr. Light y está inspirado en Santa Claus, y el segundo Dr. Wily (pronúnciese Güaili) y está inspirado en Albert Einstein (cabe señalar que en Japón no tienen el mismo concepto de este científico, que sugirió encarecidamente el uso de las bombas nucleares, como lo tenemos en occidente).
Wily da por saco con sus 6 secuaces por la ciudad, así que Light manda a un robot azulado a hacerle frente... lo malo es que manda al más inútil que tenía a mano. Uno puede ver el talento de Wily en los robots que crea, ya que vuelan, disparan, algunos son muy duros, otros saben nadar... sin embargo Megaman sólo sabe trotar, saltar un poquito y disparar en horizontal. Su mayor poder puede que sea el apropiarse de los poderes de los demás, usease, aprovecharse del trabajo ajeno de manera limitada, ya que los ataques ajenos tienen un contador. Con estas opciones tienes que avanzar dificultosamente por los niveles para hacer frente a los malos, que pueden aparecer de cualquier sitio y en el momento más insospechado, y aprenderte secuencias de saltos con una precisión milimétrica, apurando hasta el último píxel de superficie "pisable".
Los niveles son infernales, y los jefes en teoría tienes que seguir una coreografía distinta con cada uno para acabar con ellos... pero aún así son superchungos. Y si acaso llegas al castillo de Wily... te espera con los brazos abiertos la masa amarillenta de un solo ojo para que pierdas el resto de tus vidas. Pero eso es una parte del castillo. Después llegan unos cuantos niveles infernales... y tener que volver a enfrentarte a los seis robots antes de hacer frente a Wily en dos formas distintas. Dificil es pero que muy poco.

-"Bah, exagerao, podrás regular la dificultad"
No. -
-"Pues entonces te ofrecerán algún continue"
Tampoco. -
-"Pues te darán passwords al final de cada nivel"
Ninguno. -
-"Pues podrás cargar tu superdisparo, agacharte o realizar barridos, o llamar a tu perrito robótico"
Nada de eso, señores. En el primer juego no había NADA. -

Fueron introduciendo todas esas cosas en los juegos sucesivos de la saga... y aún así tienen una dificultad elevada... pero nada comparable a este infierno de debut.


Toki / Arcade Atari MegaDrive / 1989 1991

El juego salió para recreativa y se exportó a las consolas de la época, pero tuvo especial popularidad en las de Atari y Sega. Da igual cual pilles, ya que te encontrarás entre las manos con un juego verdaderamente chungo. En el juego encarnas a un Tarzán fuerte, rubio y la mar de apuesto llamado Toki (JuJu en Japón). Vas de rama en rama molando cantidad ya que estás con tu novia Miho toda macizorra despertando las envidias de todos, como por ejemplo de un chamán muy turbio que la secuestra y te convierte en mono... pero no un mono cualquiera, sino uno con una cabeza enorme y capaz de escupir pelotillas blancas que causan daño a los enemigos a una velocidad pasmosa. El monito hace muchas virguerías con sus escupitajos, pero al menos, a diferencia que Megaman, puede disparar hacia arriba, en diagonal y en algunos lugares incluso hacia abajo.

Lo malo es que hay una diferencia palpable entre la velocidad de Toki y la velocidad de sus rivales. El diseño del juego está muy bien, pero los enemigos y sus disparos son casi imposibles de esquivar. Lo bueno es que hay "checkpoints" a cada poco, y si te matan no tienes que volver a comenzar desde el principio.

En consola es bastante chungo, pero en arcade emulador, con los créditos infinitos es un poco costoso... pero puedes llegar al final. No obstante, el mundo final está lleno de vagones sobre railes a los que subirse en el milisegundo apropiado, y uno sólo cuenta con 10 continues en el sexto y último mundo, por no hablar de la dificultad de los jefes, alguno de ellos memorable como el mamut, las manos y pies moradas, o sobre todo el chamán. Un jefe que es muchísimo más que chungo.

Puedes morir por cualquier cosa, ya que casi todo puede hacerte daño a no ser que lleves puesto un casco de fútbol americano. Otro artilugio que te puedes encontrar son unas zapatillas de deporte con las que puedes hacer un reducido número de saltos altos. La dificultad se va incrementando a medida que uno avanza, hasta llegar al complicadísimo último mundo, que es como para llorar.
Comparativa del Toki de 1989 y del remake de 2009: http://vimeo.com/7313638


Shadow Dancer (Kage no mai) / Arcade / 1989

Aunque no lo parezca, estamos ante la primera secuela de Shinobi. Shinobi es una saga de ninjas conocida por su gran dificultad, pero yo personalmente me quedo con esta que es a la que he jugado. Mucho antes de Naruto, los ninjas molaban, y había varios juegos y sagas para demostrarlo. Muchas de ellas provenían de Sega, como Shinobi o Ninja Gaiden, pero también estaba la saga de Ganbareh Goemon de Konami, o incluso un juego bien chungo para la NES titulado Wrath of the Black Manta. Todos los juegos, fuese del género que fuesen debían incorporar a personajes ninjas, ya fuese entre los buenos o los malos.

El que nos ocupa le conocíamos "cariñosamente" como El del ninja y el perro, o a veces como El del ninja y el perro en el aeropuerto, ya que esa era la única fase que lográbamos ver. Y es que esa era su gran diferencia con respecto a Shinobi. Contabas con un perro blanco que podías mandar a que atacase a los enemigos, pero entre que le dabas la orden y el chucho se decidía a ir, podía pasar un buen rato y el malo de turno te podía matar prefectamente. Cualquier cosa te podía matar... además de un solo toque. Lo bueno es que tienes un número limitado de magias, y si las usas, congelas inmediatamente a los enemigos y mata a todos aquellos que se encuentren en pantalla. En momentos difíciles y cruciales de cada nivel era cuando tenías que usar este ataque especial, cuando tuvieses un cuchillo o una bala rozándote las vestiduras. Entonces cambio a primer plano de la cara conjurando la magia, y a continuación la magia en sí, un poco más ridícula de lo que te habías esperado.

Me lo conseguí pasar con continues infinitos (emulador) y aún así exclamé un grito de alegría cuando lo hice, ya que me llevó un buen buen rato a través de quince niveles a cada cual más dificil. Moraleja: niños, ser ninja es muy pero que muy duro.


Ghosts'n Goblins / Arcade / 1985

Todo un clásico que ha hecho llorar a millones de personas que se hayan atrevido con este juego tan infame. Estaba tan feliz Arthur con su churri en un cementerio. Se disponen a intimar, ya que tiene la armadura posada a pocos metros de distancia... pero llega el demonio Red Arremer (o Firebrand) y la rapta por órdenes del mismo Lucifer. Así que este noble caballero debe armarse con su armadura, pero sobre todo con toneladas de valor para afrontar unos siete niveles de dificultad mayúscula.

Atravesando el cementerio y un bosque; un palacio de hielo y un pueblo abandonado; cavernas; plataformas flotantes y puente de fuego; dos niveles del castillo y por último la sala del trono. Progresar por cada nivel es harto dificil, ya que si tienes armadura, te pueden dar un toque, pero al segundo toque la palmas. Con el primer toque te dejan literalmente en calzoncillos, y es cuando el jugador le debe echar más coraje y buscar las pocas armaduras que hay disponibles por el juego. Existe una gran variedad de enemigos y cada uno es más chungo que el anterior. La manera en la que aparecen, como se mueven, sus ataques y lo duros que son de matar algunos (en comparación con lo frágil que eres tú) crea muchísima impotencia, rabia y desesperación.

La atmósfera del juego, la musiquilla de, los efectos de sonido tan irritantemente terroríficos que hace que jugar al juego se convierta en algo personal. En la residencia de la uni intentamos pasarnoslo entre varios a vida o fase cada uno. Como el hecho de morir suele ser bastante frecuente, y como sólo se cuenta con tres míseras vidas, lo ampliamos a un crédito cada uno. Comenzamos a jugar a la salida de la cena y la cosa se prolongó hasta la madrugada... y aún así nos quedamos en el penúltimo mundo, y muchos de nosotros ya pasamos de seguir jugando por imposible.
Firebrand protagonizaría un juego muy chulo de SNES llamado Demon's Crest.

No obstante, con el último jefe hay una gracieta muy graciosa... y es que todo esto ha sido un calentamiento, un sueño o una broma de pésimo gusto más bien, porque en un nefasto inglés nos dicen:



THIS ROOM IS AN ILLUSION AND
IS A TRAP DEVISUIT BY SATAN.
GO AHEAD DAUNTLESSLY!
MAKE RAPID PROGRES!

Olé ellos y sus santos ovarios. Tienes que pasarte el juego OTRA VEZ, ya que esta no valía, porque era una trampa. Tienes que volver a sufrir en tus carnes los siete niveles a una dificultad TODAVÍA mayor. ¿Es o no es un juego infame? Aunque siempre hay gente inhumana que nos sorprende. He aquí un menda que se lo pasa en 22 minutos y medio... por partida doble.

Enhorabuena Arthur, por fin podrás consumar.

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Bueno, ¿Qué tal os ha parecido? ¿Habéis jugado a alguno? ¿A cuál meteríais en vuestra lista?
Hasta la próxima ;) .